Hablemos de diagnósticos

La salud mental es un aspecto más del bienestar de cada persona. Algo que tenemos que cuidar, prestar atención y afrontar si pensamos que nos encontramos ante un problema.

Las causas para que aparezca un trastorno mental suelen ser una combinación de factores genéticos, del entorno social y de experiencias vividas. No tiene nada que ver con debilidad de carácter, ni son culpa de la persona.

La sociedad cambia, crece y evoluciona, y algo similar sucede en el ámbito de la salud mental. Ya se ha dejado atrás que los problemas de salud mental tengan una causa biológica exclusivamente. Los problemas de salud mental son un hecho más en la vida de las personas, que se deben abordar centrándonos en las necesidades individuales de cada una de ellas, y que por supuesto no las definen.

Es imprescindible dejar a un lado diagnósticos y etiquetas, y pasar a poner nuestra atención, esfuerzo y foco en las múltiples capacidades de la persona.

Debemos dejar de asumir que los problemas de salud mental son el ‘todo’ en la vida de las personas. En su lugar podemos poner el foco en las múltiples barreras a las que tienen que enfrentarse diariamente.

Centrar nuestro relato en las capacidades de la persona y no en las etiquetas conlleva potenciar su autonomía y responsabilidad, mejorar la aceptación de los problemas de salud mental en la sociedad, y favorecer su proceso de recuperación.

MITO:

“Los problemas de salud mental no se curan”.

REALIDAD:

Con la atención y apoyo adecuados, las personas con problemas de salud mental pueden recuperarse.

¿Y POR QUÉ ES NECESARIO QUE
LOS/AS PERIODISTAS LO HAGAN?

A las personas con problemas de salud mental no se les aprecia a simple vista ningún problema de salud. Digamos que pasan desapercibidas entre el resto de la sociedad, y una forma de reconocerlas es a través de las etiquetas y/o diagnósticos que en muchas ocasiones aparecen en los medios de comunicación.

Esta acción de etiquetar, aumenta los ya existentes prejuicios y tabús que la sociedad tiene sobre la salud mental. La consecuencia es que, en muchas ocasiones, las personas con problemas de salud mental y sus familias ocultan conscientemente este tipo de problema de salud, lo que convierte a nuestro colectivo en “invisible” para el resto de la sociedad.

Además, el hecho de etiquetar contribuye a incrementar las dificultades que tienen las personas con trastorno mental para ejercer sus derechos en la sociedad en igualdad de condiciones que el resto de las personas. Esta desigualdad genera y desarrolla situaciones graves de exclusión social que dificultan de manera notable que la persona con problemas de salud mental sea vista como un sujeto de derechos. Esto evita su acceso a los servicios y, por tanto, su inclusión plena en la sociedad.